«¿Y hacia dónde vais?» [Relato de José Iglesias Blandón]

uno de estos días - blog
Celebrando la buena noticia de que uno de los nuestros sigue su trayectoria literaria estrenando novela (de inminente publicación: Cenzontle, 2016, Samarcanda), le damos públicamente la enhorabuena y os dejamos íntegro uno de los relatos que componen el volumen Uno de estos días, publicado en nuestra colección de_Sastre allá por 2014, en edición digital. «¿Y hacia dónde vais?» obtuvo el III [...] Continue reading »

Cinco poemas para cruzar el atlántico. Tras la estela de Michael Montesano

Clamamos al atardecer, de Michael Montesano
Hace mucho mucho tiempo, antes de haber dado a luz la editorial, de haberla gestado y penetrado y seducido y merodeado, empezaba yo a navegar por tierras digitales, zonas pantanosas y remotas donde buscaba huellas de mi pasado filológico. Arqueología de mí mismo tras un periodo de servicio prorrogado en los ejércitos de los cuidados hospitalarios intensivos (el realismo [...] Continue reading »

Una genial inteligencia intestinal

Vintage Chicago Crime Photos

Previo al lanzamiento, mañana, de su edición digital (apta para bolsillos veraniegos), os dejamos un pequeño entrante de lo que podéis encontrar en esta novela de Diego Luis Sanromán. [extraído de Kwass o el arte combinatoria] El agotamiento encarnado, el cansancio hecho uno con el propio pellejo, sudar literalmente sangre porque ya no queda más sudor,

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Mario Álvarez: lo inalcanzable (Reseña)

Mario Álvarez Porro en La Fuga Librería

Fuente: Letralia (Venezuela) Autor: José de María Romero Barea La poesía es potencial. Su plenitud es palpitante. La noción de obra completa es una quimera; un verso no escrito es una pérdida incalculable. «Hace tiempo eres ceniza, pero siguen vivos, como ruiseñores, tus cantos». Después de Calímaco, para qué escribir poesía. Ni siquiera los versos

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El Señor Miñambre presenta “Escriaturas” y Aure Gallego deconstruye un gazpacho en la Casa del Libro de Sevilla

El círculo se cerró el pasado viernes 27 de mayo en la Casa del Libro de Sevilla. Alfredo Miñambre pudo por fin satisfacer a este editor tras largos meses dedicados a politequear de púlpito en pálpito. Nos hizo una intro digna de ser incluida como epílogo en una segunda edición de estas Escriaturas de Felipe Bollaín. Os dejamos, a continuación, un video y el texto de la intervención completo. Este círculo se rompió, como debe ser, para hacer intervenir a los miembros del grupo artístico aina libe que nos deleitaron con sus voces y, a modo de palimpsesto sonoro, todos recitaron el mismo poema dándole una cierta dimensión de eco que expandía el significado del mismo [Leer el poema aquí – La casa echa un poema]. Para rematar, el artista Aure Gallego deconstruyó otro de los textos del libro, Trabajo en mi gazpacho, cuyo resultado podéis ver también en esta entrada.

Señuelas y caballetes, familitares, compañuelos , heridos ciudadanos y semenjambres. Hete que heme aquí, por la grasa de dos, con la intención de prolongar este libro típico-tríptico-crítico-críptico del ínclito e insigne terapoeta Felipe Aforín; porque paraíso, me han llamado y progreso, he venido. Es todo un horno, un perogrullo y un parecer para mí adelantarles, heridos lectores potenciales, para que estén al tonto de de qué madera está hecho este panfresco, que está en picado concebido en dos maderas conglomeradas de amalgama. La primera permite leerlo sin solución de continuidad y sin reparar en modo alguno en las notas al pie de la vagina. De una segunda madera se deja leer atendiendo con gran denuedo y plena observancia a toda nota entrelíneas que permita dinamitizar el silencio en de roedor.

Antes de entrar a analizar la estructura y diversos aspectos cruciales que dicha obra contiene, no podemos olvidar en esta presentación de su importancia como escritor la supuesta contribución que hizo Felipe Aforín en el campo de las parsimonias coyunturales en el contubernio de la escena panorámica literaria con su primer libro de poemas dibujeros Los gatos han aprendido a abrir el frigorífico y la insoslayable aportación al activismo agitador de la cultura que desarrolla junto al grupo poético-artístico “aina libe” desde el año 2008.

Hete que heme aquí ante una estupléndida, única, genuina e inmejorable ocasión para introducirles a ustedes por donde no les quepa el menor género de buda la presente obra multipiscina “Escriaturas”, obra que en mis propias palabras viene siendo lo que se dice “un exhaustivo recianclaje de la homogeneidad poética”.

Imárgenes, poemas y dibujincos son los esquejes del esquelento que conforma una compacta desarmonía de hallazgos más o menos inaudibles en su plagio universal con impronta de ínfula benevolente sinónimo de lucro.

Y entrando (ahora sí) en el erial del material, trataré de definir el proceso de gestación de Escriaturas, este protolibro primerizo, como mandan los canelones. Heridos abrigos y semenjambres, se hallan ustedes ante un libro de modo, manera y forma que plantea un nuevo canelón de belleza, un libro isomórfico con licencia profética. Consta de tres partes en curvatura, encuadrado cual producto de mercado en las medidas 30 – 62 – 40. En un primer capítulo que lleva por título “Forgotografías” se recogen 30 instantáneas de lo infinito cotidiano; en un segundo capítulo que lleva por anagramático título “Alguna laguna” encontramos 62 poemas de pubertad y juventud y en un tercer capítulo, “Ilustraiciones”, hallamos 40 garabatos registrados en un periodo superior a cinco años con predominio de producción de los últimos cuatro años de trabajo dirigido a la consecución de este acto fallido. Si hay un rasgo común en la diatriba universal que presenta en su amalgama de estertores divinos ésta es precisamente la dispersión compacta, el resurgir de un estado de gracia en dosis impredecibles que luego hubo de reunir con maestría para traernos esta obra impresentable que es Escriaturas.

Señuelas y caballetes, heridos ciudadanos, presumo que Escriaturas supone la renovada interpretación de la lentitable inevitud de los días y de las noches que nos ha tocado escrivivir. Y he de añadir que es a todas luces lamentable que un escritor de la talla de Felipe Aforín sea tan conocido en el mundo de habla lapona: es lamentable porque, de todos los escritores con-tiempo-raros, Felipe es, por muchas razones, uno de los menos representativos en el afán por afamarse. Estoy convencido de que nadie le dará la razón como yo se la doy ahora.

En otro orden de costras y con espectro al sentido de las imárgenes que sirven de apertura al sutil y enrevesado bestiario que es Escriaturas, presumo que su autor deja entrever en ellas una representación de la mónada aspiradora de luz: la doble bombilla fundida es el hallazgo que le ilumina en la sombra. Se trata de un retrato impersonal que ejemplifica la búsqueda del insondable terreno intrauterino de la nostalgia, un desnudo habitáculo de aseo sin artificio, natural compendio de pomos que como poco reflejan azulejos que duplican el deseo justificado y en desuso de la otra luz, la luz artificial. Las líneas crean la perspectiva esperada para un cierre que dinamite toda opción de interpretación en la acción yuxtapuesta extrapolada de la escena que se nos presenta. En este espécimen de libro a medio camino entre la acción y la inacción, podrán encontrar a un hombre surgiendo de la eferbullente laguna de lo ecléctico con su reguero de esperanza de guerrero solitario; visión serena dentro del caos formativo de las cláusulas cósmicas a pie detalle; vertiginosos rostros condensados en una lágrima de sangre, dentro, y a su vez fuera de un laberinto seccionado en etapas cromáticas cuyo centro amarillo anarantajado –símbolo de la energía inspiradora- se expande hacia el sexo de lo porcino celestial en una completa simbiosis con la caricia de un dragón siempre puesto en duda por su imposible crin. Nótese, tras tomarse un cierto tiempo en apuntalar con la retina los imperceptibles detalles, cómo el autor logra crear un impescable centrifugado de conciencia en el simple trazado del grosor convenido a las circo-estancias; caballos de relinche con cabriola imposible al galope de Vega, hípica típica del sueño adiposo; aves con tu-amor cerebral bañadas en sincronías de fantasmas y ballenas que contienen los secretos de un cuello perezoso hiperactivo de línea insegura; autopsias de autopistas hacia el cielo, claro ejemplo de la dicotomía terrenal-celestosa y de cómo a veces cagamos carreteras carentes de cariño; sombras que pretenden escapar del agua, copas ladronas de la lucidez y manos que monopolizan las gesticulaciones de un rostro circunspecto; parsimonias alienígenas propias de la condición del despistado que ha perdido la pareja de su calcetín y se embulle en un estado de levedad intrínseca que a ojos del que lo ve pudiera parecer la sublimación autónoma de todo un colectivo de seres absortos como piedras; rastrojos cercanos al núcleo del rastro que dejan los ojos que miran hacia dentro, ejemplificación amplificada de la sensación corpórea que se experimenta al subir escaleras sin escalones y bajar rampas sin trampa; misivas-misil que aterrizan en forma de mujer, en forma de pene, en forma de botella, en forma de trompeta; lo brillante descansa sobre el lodo del dolor; mandalas caóticos de ciudades pobladas por vaginárboles, fetos sin origen, alientos cíclicos de un rostro que sufre el éxtasis de los días y de las noches; medusas de impulso incontenible portadoras de mareas sensoriales en los estertores impotentes del diafragma montañero del mundo. Asistimos a la reconciliación burocolicocrática de apuestos opuestos, en los que el autor persigue la luz de su sombra en un intento de fijar un horizonte donde tomar tierra al tiempo que remonta el abuelo ancestral de su daño.

Y ahora, sin su permiso, he de tomar el autobús hacia un simposio sobre los modales de mesa de los ácaros de Laponia. Buenas gracias y muchas tardes.

 

 

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