La construcción de un discurso creativo

Habitación desnuda (relato)

habitación densuda, de Javier Mariscal

[Este texto acompaña y completa en su interior al título Habitación desnuda, de Javier Mariscal]

el coño de sonia estaba riquísimo. sabía a tierra salvaje, a una mezcla de hinojos y dunas, a un mordisco de melocotón y hierbabuena. quizás fuera por estar en la playa, pero nunca antes me había gustado tanto. y eso que llevábamos todo el día metidas en el agua, salándonos como sirenas, dejando que las olas, desordenadas y violentas, rizadas como su pelo, nos devolvieran luego a la arena, revolcando la piel en la orilla con todo el horizonte, el mar horizontal, para nosotras. y toda la playa de cuesta maneli, en este martes de septiembre, desierta para dejarnos querer. con pausas. lentamente. sembrando caricias para el deseo violento. un deseo buscando nuevos afluentes. otros límites cuando los sentidos parecen más despiertos y la brisa despeja nuestra memoria urbana al contemplar cómo los acantilados buscan de mil formas diferentes cierto equilibrio con el azul añil del cielo, una brisa que habla en lenguajes primitivos, solo comprensibles para inquilinos de habitaciones desnudas. si nuestros cuerpos pudieran ser habitaciones. decoradas con papel de periódico. todo el rostro de un año cualquiera dibujando nuestras paredes con titulares y columnas de textos anónimos y desordenados. como el recuerdo. solo anclado por fechas al azar, por algún detalle que fue capaz de atarlo a la cometa de una neurona. ese recuerdo clasificado en un estante de memoria. con polvo y otros pergaminos de nuestra historia. nuestra vida. la de este día junto a sonia que ya estoy guardando. guardar es más fácil cuando una es consciente de que es único. el recuerdo. o lo parece al menos. cuando sé que mañana, al volver a sevilla, sonia cogerá el tren hacia almería, un autobús provincial hasta balanegra y caminará un trecho de 15 minutos hasta su casita vieja de pueblo en lo alto de un monte junto a una acequía de tiempos califales y rodeada de calamitosos invernaderos. para abrir el curso escolar. con su pandilla de mequetrefes. así los llama ella. con cariño. con amor de profesora de primaria. toda una clase llena de niños, de sus mequetrefes. amor de madre dividido en todos ellos y guardado en las sábanas limpias de esta palabra que obedece a recuerdos pretéritos. a telarañas del idioma y diccionarios polvorientos. polvo y arena. casi es lo mismo. aquí. ahora. mientras nos azotan las olas y recojo su pecho con mi mano para bebérmelo, deteniendo mis labios en su pezón. salado. mientras duerme. o finge dormir. o solo tiene los ojos cerrados para sentir del todo cómo mi lengua hace círculos, órbitas de alejamiento sobre su pecho caliente. como sus ojos. los nuevos anteojos de sonia, verde-grises y ahora azules cuando los abre y mira al mar buscando. cogerle la cintura. y dar la vuelta al mundo. cuando en realidad el mundo está parado en nuestros cuerpos. ahora todo el mundo me cabe en los labios. al besar. a sonia. su cuerpo. mi territorio. nuestro. al tenernos. y todo lo que nos rodea una habitación que pintamos con este deseo que ya siento que se pierde. por mucho que la bese. por mucho que hagamos el amor. el deseo seguirá llamando con insistencia a repetir todo aquello que nos dio placer. y luego el recuerdo, con su paso de caracol reumático, vendrá a devolvernos parte de lo que sentimos. de lo que estoy sintiendo ahora al agarrarla con fuerza y morderle los labios antes de mirarle a los ojos, ojos verde-grises y ahora verde-verde al coger el reflejo de los míos. contaminados de otoño. como ella dice. tus ojos son unas ventanas por las que entra el otoño. llueven hojas ocres cuando me miras, me dice. pero a mí no me sale nada, decir nada. solo me quedo mirando sus ojos verdes. no quiero olvidar. no del todo. esa manera de mirarme como si estuviera descubriendo que me quiere. acorazonada. por este momento al menos. un momento que recuerdo al decirme javier que eso. que recuerde algo agradable. la cámara es capaz de ver lo que piensas, me dice, mientras miro su ojo de cíclope. desnuda. en esta habitación. recordando a sonia. a sus besos. su piel. sus ojos. el coño riquísimo. todo un telegrama que pasa por mi mente. por la pantalla de mis ojos mientras oigo el clic de la cámara. cuando sonia sale grabada en píxeles. aunque no es sonia quien aparece en la fotografía, en la ‘escritura con luz’ que dice javier. fotografía viene del griego y significa eso, escribir con la luz tu cuerpo desnudo de pechos llenos y caídos y pecas salteadas por bandidos. stand and deliver, tarareo sin querer. una canción de adam and the ants. la bolsa o la vida. aunque no hay bandidos. eso me viene a la cabeza cuando escucho esa palabra y recuerdo a los forajidos de las pelis de john wayne. aunque en realidad john wayne siempre hacía de bueno y los malos eran los otros. los que querían matarlo en río bravo. pero eso no se lo digo a javier, ahí postrado, contorneado junto al flexo de ikea que me ilumina, buscando un ángulo y a esa sonia que me sale de la mirada. cuando los pezones se me endurecen al dejar de lado a sonia y convierto en rayos x mis ojos. desnudo el cuerpo de javier. me sale solo. imaginarlo sin ropa, como yo ahora, cuando el deseo llama al deseo al deshacernos de estas prendas. ropajes me suena mejor, hace viajar mi mente a sutilezas medievales, a armaduras. aunque solo botones. mi armadura solo tenía botones que apretaban mi pecho. al quitarme la camisa, lentamente. hazlo todo lo lentamente que puedas, me decía javier al dispararme por su objetivo, convirtiendo en cortinas de luces en movimiento mi cuerpo al dejarse desprender. de ropa. prendas. ropajes. armaduras. mis pezones. apretados e inquietos. no sé si lo nota. no. no lo nota. mis tetas se excitan al oscilar mientras me siento en la cama. ya sin ropa. diciendo qué hago para no sentirme tan perturbada cuando me mira ese ojo de cámara que no se queda en la piel, sino más adentro. en lo profundo. de alguna forma está mirando con una linterna lo de dentro, y ahora no sé si quiero que salga. lo que siento. aunque no sé realmente lo que siento. pero ahora, al tenderme a lo largo de esta sábana azuleste, me doy cuenta de que estoy desnuda del todo, completamente, desarmaduramente. aunque esto no existe. la palabra. creo. pienso. al mirarlo. solo a su ojo de lente, a javier. que me persigue con la cámara. me rodea. me desnuda un poco más por dentro con cada clic. en esta habitación. fría. caliente. no sé. no hay nada en ella. todo está conmigo y ese baile de javier al buscarme por dentro. me mira. hablamos. estamos todo el tiempo hablando. del infinito del mar, de los cuerpos, de esa cicatriz en el tobillo a la que tengo tanto cariño. como si nada. como si nos conociéramos. pero no sé nada de él. muy poco. yo solo digo que me gusta la arena y contemplar el mar y su rugido de olas. me voy sola cada vez que el desorden me clava espinas aquí adentro, señalo, apunto al corazón-teta mientras me sigue mirando a través de su olympus. o su nikon. yo no entiendo de cámaras. solo de desorden y besos. de tormentas. de faros que se iluminan en un día cualquiera para no encallar. cuando me dijo javier lo de su proyecto. sus habitaciones desnudas. no entendí nada. pero me gustó. dejarme llevar. dejar que mi cuerpo hablara. sus huellas. los pliegues del tiempo en esta superficie tan ajena a veces, cuando mi cabeza solo atisba a ver en el reflejo del espejo a una conocida cercana. solo eso. agrietada por el óxido del tiempo. más completa por ese óxido que nos llena la mirada de intensidad y verde-sonia y deseos arrugados en ropa de armario con olor a humedad. todo lo que nos queda. cuando sentimos. humedad en la mirada y en los recuerdos y en los labios y en estas manos delgadas y venosas que se acercan hasta javier cuando lo tengo a mis pies como si estuviese abrochándome los cordones de los zapatos. acaríciame un poco, le digo al separar su mano de la cámara con la misma lentitud con la que hacía saltar el clic de su nikon, su olympus me gusta más. así estaré más cómoda si arrastras un poco tu piel por la mía, le digo mientras me mira por primera vez con sus ojos, como por primera vez, sin pensar en atrapar un instante precioso del tiempo sobre mi cuerpo, un garabato, una ilusión al menos de eternidad y luz. me mira a los ojos. y ahora es él quien no quiere que entre, que lo desnude por dentro. sonríe un poco, casi nerviosamente. estira los músculos de sus labios, lo primero que asoma de su cara. perfilados por una barba desordenada. gruesos y rotos. tímidos. los labios. cosidos con hilo a las habladurías de sus ojos. claros y delatores, sin parabrisas. si fuera un espía nunca podrían ocultar la verdad, ninguna verdad. aunque la verdad no existe. solo aproximaciones. como la del rastro de humareda blanca de un avión en el cielo atardeciente, azuleste como el de estas sábanas, dejado junto a una luna turca. aproximaciones en perspectiva. solo eso. la verdad solo es una línea blanca que parece desenredarse de un trozo de luna. vista desde el muelle de las delicias mientras leía a muñoz molina y a dos passos. esperando esta cita. este roce de la mano izquierda de javier que rastrea mi cara como un explorador indio. ordenando mi pelo tras mi oreja. volviendo a acariciarme hasta tantear con las yemas de los dedos mis labios. como si quisiera escuchar. deletrear. el deseo que sale de mis labios. y de mis ojos. ahí estancados. en los suyos. preguntándome. dejando las preguntas de lado cuando me agarra la barbilla y me besa. lentamente. con ternura. despegando sus labios llenos con los míos. un ladrón de labios. así parece al mirarme a distancia de 50 milímetros de lente. no serviría de espía, pero sería un perfecto ladrón. de besos. de labios. pero me mira y se aleja y agarra de nuevo la cámara para perturbarme otra vez con su ojo de cíclope, de cíclope de 50 milímetros. antes de decirme que me siente en la esquina de la cama y mire por la ventana de la habitación. unos segundos. y luego vuélvete hacia mí. así podré ver en tus ojos a esa sonia que te sale de la mirada, aunque yo no sé que te sale sonia de la mirada. solo quiero que me mires como si fuera este instante un trozo de ti que sale sin filtros, sin preludios, sin defensas. con poca ropa, ligera de equipaje, si podemos llamar equipaje al pasado y a todo ese lastre que nos impide ascender como globo aeroestático. en el cielo azuleste que vi hace unas horas junto al río. empezando a anochecer. a otoñar. con este septiembre entre los labios y los dientes confundidos en el cuerpo de javier. diciendo eso. tu coño está riquísimo. sabe a una mezcla de hinojos y dunas. a ladrones y espías que no saben mentir.

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