La construcción de un discurso creativo

Mario Álvarez: lo inalcanzable (Reseña)

Mario Álvarez Porro en La Fuga Librería

Fuente: Letralia (Venezuela)

Autor: José de María Romero Barea

La poesía es potencial. Su plenitud es palpitante. La noción de obra completa es una quimera; un verso no escrito es una pérdida incalculable. «Hace tiempo eres ceniza, pero siguen vivos, como ruiseñores, tus cantos». Después de Calímaco, para qué escribir poesía. Ni siquiera los versos más tristes. Ni esta noche ni nunca. Nuestro dolor nunca va a estar a la altura. Así que poemas los justos. Poetas, los justos. Si acaso, los que saben callar. Mario Álvarez (Sevilla, 1977) es uno de ellos.

En ‘Fe de horizonte’ (Palimpsesto Editorial, 2015), el sevillano logra traspasar las fronteras del mundo real, para penetrar en un ámbito tan elemental que parece de otro mundo. ‘Fe’ es, entre otras cosas, un manual de vuelo, que aborda los aterrizajes de emergencia sobre un «ámbito de desespejismos»; los viajes largos, a oscuras, sobre el mar, «allí donde no se sabe // qué es la tierra o el cielo»; los vuelos en una noche oscura del alma que deja atrás las inclemencias, «más allá de ti de mí».

En ‘La palabra en llamas’ (Ediciones en Huida, 2013), Álvarez hizo arder el discurso a base de fuego amigo y danza del juego ética y estética. ‘La palabra’ era, al igual que lo es ‘Fe’, pura lírica, subjetividad, escritura sobre una escritura que incluye la mirada del Otro (que ya se sabe, desde Rimbaud, que es uno mismo), «este dolor tan insatisfecho / que vamos arrebatando al fracaso / mientras bailamos entre sus cenizas». El amor informa su trabajo creativo, no solo el amor erótico («arde corazón arde») sino el amor más profundo entre espíritu y divinidad («yo confieso ante Dios / que he sentido / y siento»).

En ‘Negociando el dolor’ (Ediciones en Huida, 2011), opera prima, se abordaba el desconsuelo de un artista contra el mundo («soy animal que echa a volar / no soy animal que vuela…»), la necesidad de escribir una poesía que nos acercara al dolor y al mismo tiempo nos liberara de él («si no alcanzan las palabras / a llegar al cielo y volver… será que hay nombres sin nombre»). Se hablaba de callar, aunque «no un mero estar callado, sino esa actitud que nos orienta… hacia las simas insondables de la existencia», como apunta el filósofo sevillano Rubén Muñoz.

En ‘Fe’, el poeta vuelve a unirse a una clerecía de artistas aventureros, una joven aristocracia aérea que conduce su avión muy por encima de sus límites operativos. En esta nueva entrega, sabe que el autor ha de perderse para encontrarse, ha de «ir dejándose el alma / tras un cielo a medida» para empezar de nuevo. Le gusta «sentir en mitad de la tormenta / respirar al relámpago», «caminar por el aire / sin cable / sin red». El piloto se siente a gusto en la imposibilidad de regresar a casa.

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