La construcción de un discurso creativo

Mario Álverez Porro en estado puro

Mario Álvarez estuvo el pasado día 12 de noviembre en el programa radiofónico La Inopia (Radiópolis) junto a Rosario Troncoso. Entrevistados por Dolores Almeyda, nos encontramos con el más puro Mario en un recorrido que va desde su faceta como editor de la revista Nueva Grecia, pasando por su poética, que no empieza ni acaba con Fe de horizonte, y se remonta en el tiempo a Valente, Machado, Juan Ramón y Bécquer. Todo ello remezclado con una base de Lou Reed casi al final, «neomisticismo laico», Ada Salas y dolor.

Os dejamos el audio extraído de ese programa y la transcripción de algunos pasajes destacados para aquellos que no tenéis paciencia más allá del primer minuto 😉
 

      La Inopia nº87 [extracto]

 
 

Me gusta ir a lo esencial, en mis versos busco desaparecer y que quede sola una totalidad sentimental.

Nueva Grecia se inspira en la original Grecia de 1918, de Isaac del Vando Villar, con Cansinos-Assens como referente de toda aquella generación. A partir de aquí surge el ultraísmo y el intento de volcar las vanguardias europeas en España. Nueva Grecia quiere reivindicar la importancia de esa vanguardia en Sevilla que fue precursora de todo lo que vino luego con la Generación del 27. [En definitiva, esta Nueva Grecia] quiere tomarle el pulso a lo nuevo, a la poesía de ahora.

El dolor como sentimiento primordial, esencial, es el único sentimiento capaz de acoger en sí mismo las tres heridas de las que hablaba Miguel Hernández: «sólo se vive con dolor, se ama con dolor y se muere con dolor».

Fe de horizonte es una metáfora de ese camino inexistente, en cuanto a lo físico y material, que somos cada uno de nosotros y que nos lleva a través del espacio-tiempo a cruzar los límites e ir más allá por medio del sentimiento, separando el cielo de la tierra…

 

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.

Ada Salas, La sed, 1997.

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