Nació el 2 de diciembre de 1886 en Burdeos.

Escritor de una brillantez desusada, su arte apenas había comenzado a despuntar (su obra maestra es Los domingos de Jean Dézert, publicada pocos meses antes de alistarse en el ejército) cuando murió trágicamente durante la Primera Guerra Mundial. Asimismo, es autor de varios poemarios: L’Horizon chimérique, publicado póstumamente y que se hizo célebre cuando Gabriel Fauré le puso música; los Cahiers rouges, publicado también póstumamente, y, por último, el libro de relatos Contes.

Selecciones de su breve obra han sido reimpresas periódicamente en ediciones limitadas; de vez en cuando se hace mención a él en el trabajo académico (siempre en referencia a su amigo François Mauriac). Sin embargo, inevitablemente, la pregunta sigue siendo, como Mauriac dijo una vez en Le Figaro littéraire (22 de diciembre 1967): “¿Aurait-il eu un destin littéraire?” Si no hubiera fallecido, ¿habría seguido escribiendo? ¿Qué forma habría tomado su trabajo? El entusiasmo de los defensores de la obra de Jean de la Ville de Mirmont suele derivar no sólo de los propios poemas y relatos, sino también de las cualidades potenciales que las obras de juventud se piensa que presagian.