La construcción de un discurso creativo

Prólogo a Gretl, por Juan Gallo

Gretl, de Antonio Medinilla

Todo esto empieza con una brizna de hierba en la memoria del poeta, habitante de un mundo donde nada importa sino Gretl. O donde tal vez no lo hay. Ella ocupa todo, como una sustancia universal invocada en letanías, himnos, confesiones, súplicas. Libro del monólogo íntimo y obsesivo con solo-Gretl.

Si existió una persona real que respondiera al nombre de Gretl, no podremos ya seguir sus huellas. —¿Quién Gretl?–. Tenemos su nombre, eso sí, grabado en versos e ilustraciones del propio autor. Nombre símbolo, mantra, emblema primordial.

tu nombre es gretl / en la hierba herida
el mío no importa

susurra entonces tu nombre / y resucítame
me lo debes

Su propósito es ambicioso: Gretl, de Antonio Medinilla, es una cosmogonía y una creación, una suerte de génesis desbocado. Drama en siete días donde se dilucida la apuesta más alta: ser un dios, crear un mundo, morir en el amor imposible.

la casa y la hierba / a lo lejos
las ventanas gretl / aparecen / y te iluminan
es tanta la felicidad / y la noche
que desapareces

Una naturaleza mínima se despliega; sus claves reaparecen a lo largo del texto: camino, amapola, pared, hierba, mar, noche… En este lugar inalcanzable, ¿cómo dejar de ver a aquella Bronwyn surgida de las aguas del lago? ¿Y qué lugar este, inalcanzable, sino el Paraíso? Pues Gretl, en efecto, se revelará como Eva y como serpiente. Será el Paraíso y será también la expulsión del Paraíso.

Este amor arrastra un signo endemoniado. Ya el nombre nos lleva, de un lado, a Gretchen, por quien Fausto recurre y sucumbe a Mefisto, del otro, a la Gretl de carne y hueso, hermana menor de Trakl: la fascinación de la sangre, su prohibición y transgresión. Incluso más adelante, en el día quinto, el poeta se aviene a cierto descenso a los mundos subterráneos guiado por ella. Si Gretl era creación, también puede ser salvación o condenación.

pierdo mi luz / en lo azul gretl
no me importa / el abismo
tus labios resucitan / en la arena
bajemos gretl / bajamos

gretl sálvame / de lo que miro
bajemos gretl / bajamos

Siempre solos Gretl y yo —así de breve es el elenco de la obra—, salvo por una tenue figura que asoma hacia el final: «carey, mi ángel rotoso». Quienquiera que sea: hija, hijo, bestia, vértice trinitario, fruto de un amor que transpone las fronteras de la vida. Que muere y que parece regresar.

Ser apartado de Gretl es ser condenado. Permanecer con ella, no obstante, tampoco asegura la salvación. Nos queda la certeza de que mundo-Gretl incontestablemente existió.

gretl del inicio / gretl del final
estoy hablándote de amor / y del amor fui arrojado
qué haremos gretl / con la belleza encauzada
sabes que mañana / me habré muerto otra vez

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