La construcción de un discurso creativo

Tiempo al tiempo: Homenaje a Fernando Ortiz [Libro completo]

tiempo al tiempo-homenaje a fernando ortiz

Tiempo al tiempo supuso el número 2 de la colección sYmbionte. En este libro el colectivo de poetas que surgió alrededor de un bar sevillano, “Elsanfernando”, rinde homenaje al poeta Fernando Ortiz, esta vez por escrito. Tomando como hilo conductor uno de los temas principales de Ortiz, el tiempo, cada poeta dialogará a lo largo de su propio tiempo generacional con su predecesor, consigo mismo y con el resto de autores que se convocaron el pasado mes de Abril (2014) en la Facultad de Filología de Sevilla, para honrar su memoria.

Joaquín MorenoCarlos VaquerizoMarta F. PortilloVíctor Manuel Domínguez CalvoJosé Manuel BeginesMarcial Ruiz LasidaDavid Ruano y José Manuel Velázquez componen la nómina de autores. La introducción, y la edición están firmadas por el propio José Manuel Velázquez.

Al cumplir dos años desde su publicación, creemos que es buena idea liberarlo completo, aunque aún queden ejemplares, para que podáis disfrutar de él. La edición impresa tiene sus pequeñas particularidades que seguramente algún coleccionista de libros que esté leyendo avizor, podrá apreciar sin ninguna duda. Aquí se perderá sobre todo la idea de línea temporal en la que los textos aparecen publicados sin nombre de autor, para que a pesar de su secuencialidad, tan propia de la poesía, no se rompa la invisible línea que une sus respectivas tradiciones en el tiempo. Y es, a su vez, este detalle, un intento de huir de la etiqueta Antología, que tanto desprecio por el abuso político y otros tejemanejes. Tampoco podréis apreciar aquí el desplegable que ocupa uno de los textos que aporta Marcial Ruiz a este sYmbionte: La rata.

Y ya, sin más preámbulos, la textura, que es lo que cuenta al fin y al cabo:

Tiempo al tiempo


Homenaje a Fernando Ortiz

El prólogo a este libro, escrito por José Manuel Velázquez, a su vez coordinador de esta edición, así como poeta activo en este homenaje, fue publicado en esta web con anterioridad. Lectura recomendada antes de continuar.

Esta nota quiere atender al lector, avisarle; recordar que el tiempo, como “duración de las cosas sujetas a mudanza”, también es una magnitud física que nos permite ordenar la secuencia de los sucesos, que es parte de esa secuencia, que es edad, que es estado (atmosférico), que es, en definitiva, un largo espacio donde convivimos, como un libro abierto.

Este libro, atiende formalmente a la idea de secuencia  que pertenece a una cadena, y por este motivo no encontrarán más referencia que el texto a lo largo de sus páginas (no numeradas). Solo títulos y texto con el fin de convertir esas secuencias en una magnitud física con entidad para conformar un continuo.

Solo al final del texto podrá el lector examinar un índice con referencias de autor, y un apartado con datos sobre los autores y los títulos que se incluyen de ellos en este homenaje al tiempo que nos une como se ancla la tinta al papel: mediante la secuencia poética.

Primera despedida, de Fernando Ortiz

Ahora imagino una mañana clara
en la que soy un niño y los ojos
están despiertos. Ando por el campo
del Aljarafe. Aún la hora es temprana
y aún el fresco del alba va conmigo.
El canto de los pájaros retorna
a mi memoria. Suenan las campanas
de la primera misa, alegres tañen.
Mojada está la hoja de rocío
y mojada la hierba que mi mano
hacia los dientes lleva. Lentamente
voy caminando. Un gallo lejos se oye.
Y aquí, desde lo alto de una higuera,
blancas las casas, los olivos verdes.

Ahora, de Joaquín Moreno

A raudales el sol entraba limpio
en un piso tan grande como el mundo.
Mi hermano y yo cruzamos explorándolo
en el abrazo inmenso de mis padres.
Hoy, todo ese sabor aún permanece,
casi intacto, en algunos juguetes y tebeos.
Miro ahora sus formas que susurran.
Luego la luz se vuelve plateada
y el mundo más confuso. Había una mujer, un sentimiento
de pérdida y conquista y tierra nueva.
Pero sus ojos eran otros ojos
y luego otros. El mundo se rompía a cada paso,
y otras veces se alzaba como una ofrenda pura y consumada.
Quedan algunas fotos y poemas diciendo la verdad,
la única verdad que he conocido,
y solo la verdad de todo aquello.
Y ciudades, amigos, y otra vez
la luz tan caudalosa de aquel piso,
versos, juguetes y fotografías
cada vez más deprisa, y no saber
qué estoy buscando en ellos mientras camino en círculo,
si soy yo mismo, un rostro verdadero,
o si solo reúno mis tesoros y sumo
ahora que parece que el círculo se cierra
y alguien llama a la puerta y me reclama.

Huele la tierra a..., de Carlos Vaquerizo

Huele la tierra a muerte y maravillas,
como huelen los sueños que se pierden.
El aroma es el alma que se palpa
y desprenden las cosas pasajeras.
Todo está escrito porque todo vuelve.
El final solo existe en su principio.

El sol de los gitanos, de Vito Domínguez Calvo

¿Recuerdas esa lluvia de verano,
y el sol que se asomaba tras las nubes
después de la tormenta?
El sol de los gitanos lo llamábamos
pero aún no sé el porqué
a pesar de que han pasado treinta años.

Todavía existe aquel barranco
donde los eucaliptus derraman su hojarasca
y el viento se retuerce endemoniado
camino de la vega.

A veces vuelvo allí
porque es mi periferia y les pregunto
a árboles, pájaros y piedras
si aún vienen chiquillos
a hablar de las cosas que le importan,
de aquello que en la vida les conmueve,
del sol de los gitanos
por ejemplo.

Volver a empezar, de José Manuel Begines

Llegarás desde tierras muy lejanas
cantando las canciones de lugares
improbables y hermosos,
hablando de esos bosques enigmáticos
poblados por los árboles
desde el comienzo de los tiempos,
contando las hazañas de los héroes
que vencieron en guerras con nobleza
y con casta y salvaron de las llamas
pueblos enteros con sus gentes.
Llegarás acordándote en silencio
de las noches de estrella en descampados
inmensos, cuando apenas te tapaba
el leve velo de la noche quieta,
de las historias en la hoguera roja
y de la espera incierta del nuevo amanecer.
Y llegarás, aquí, con la experiencia a cuestas
de tus años vagando por el mundo
y sonreirás al ver el gesto entusiasmado
del niño que imagina mientras juega
su porvenir celeste…
Y entonces todo empezará de nuevo.

Voz de Fortuna, de Marta Fernández Portillo

Porque yo no compro pan
Comprendo menos
Capisco poco
My english is shit
Y vengo de un mundo
donde todos y cada uno de sus habitantes
lamen sapos para desayunar
Porque je m´apelle blanc
No name
Il nome inexplicado
Y por la calle me giro una y otra vez
y en el tumulto se funden los contornos
Algo parecido al alquitrán sella mis labios
Y tengo ansias por responder
A l f a      E c o    L i m a     a él
puede que no sea el código
Y cuando llego al lugar
apenas tengo dos años
pero sin darme cuenta
aún llevo asida
mi voz de fortuna
Otrora
la lengua importa poco
Es algo bien lejano
al tiempo universal
en el que me instalé          yo sola

Cuántas veces la miro, de José Manuel Velázquez

Cuántas veces la miro,
harto de tiempo, plantado allí en el patio
mientras mis compañeros aún se obstinan en pasarme la pelota.
Luego las clases, las eternas clases
—la pizarra y la tiza, el maestro y mi Encarni
humillada, la nuca sobre el libro de historia–
y don Pedro anunciando con su voz de ultratumba
que podían los niños irse a casa.
La piedra de aquel muro,
fronterizo y lejano, invulnerable
—ni el musgo lo cubría
ni los cristales rotos coronaban
la tapia del colegio–,
hoy se alza frente a mí y al otro lado
yo sé que estoy, lo estuve siempre, solo,
temiendo que la vida fuera aquello.

Aquí estoy, de Fernando Ortiz

Quise ser capitán de navío
diplomático en traje de gala,
a las vírgenes selvas viajero,
cazador de leones en África.

Quise ser personaje. Y el tiempo
—que despoja de todas las máscaras–
me enseñó que dormía en la niebla
como el pájaro duerme en la rama.

Pues, en fin, ¿desperté? Aquí estoy,
en la noche a la luz de la lámpara.
con el humo de algún cigarrillo
y el lector que se asome a mis páginas.

Escribir y escribir como si..., de José Manuel Begines

Escribir y escribir como si a alguien
le importara una pizca lo que escribo.
Hablar desde un balcón abierto,
en medio de una plaza abarrotada,
como si me quisieran
consolar de estas ansias de palabras,
de esta búsqueda inútil,
de este juego dañino de ir montando
un puzle al que le faltan piezas.
Vivir como si a alguien
le importara una pizca lo que vivo.

Por qué si soy el mismo no..., de Carlos Vaquerizo

Por qué si soy el mismo no me encuentro
donde solía libre y largamente.
Por qué se fue la tarde con el eco
dolorido y errante de campanas.
Por qué a rebato tocan sol y viento
y los sueños se incendian en la sombra.
Los ríos desembocan y los versos
llueven y van sembrando nuevas vidas.
Todo ha quedado atrás. Todo da paso
a la reconstrucción de la ceniza.

Una palabra, de Marta Fernández Portillo

Estoy buscando una palabra
no más grande que el espacio
que ella ocupa
Tímida y eterna tanto o más
que las que callan
Estoy buscando una palabra
no suspendida
Ni tan gigante ni tan extraña
ni tan adúltera
Cuando la encuentre la encerraré
celosa a la podredumbre
Una palabra disfrazada
por los siglos de los siglos
de larva
Que no despierta
Que no descubre
Que ella sola        pudo
bastar para sanarme

Algunas veces, de José Manuel Velázquez

La literatura es siempre
una expedición a la verdad
Franz Kafka

Tras encender la luz sobre mi mesa,
cierra la puerta de un hogar alegre
y deja atrás el barrio de calles solitarias,
el pueblo con su parque y sus costumbres,
el país en ruinas —casi en llamas–,
la tierra dando vueltas
y el universo oscuro.
Tan lejos ya de todo que apenas si la muerte lo persigue,
al filo del amor y del silencio,
atisba una galaxia rutilante, orgullosa,
y pone el pie en un mundo que giraba,
contempla sus escombros,
le da pan a los patos
y se mete la mano en el bolsillo
para sacar las llaves de mi casa.
Así vive ese tipo que se cruza
conmigo algunas veces.

Algo, de Joaquín Moreno

Yo tan solo deseo que me llamen de fuera.
Una llamada cierta, clara como un tornado,
más fuerte que yo mismo, arrebatándome.
Un sol entre las nubes, por ejemplo,
para seguir los surcos de naranja
hacia un país de luz, donde ya nada es sólido
y el fuego es quieto y aterciopelado.
O que vengas desnuda, por ejemplo,
y recorrer tu cuerpo como una melodía
y no ver nada más, y morirme en tus labios.
Algo para salir de esta sala de espera,
su tic-tac apagado sin revistas, sin voces,
sin ventanas, tan solo la figura sentada
de un extraño delante que me mira
y soy yo mismo y ya nada se mueve
y el tiempo derramándose, vacío.

De quimeras y ensueños, de Vito Domínguez Calvo

Aunque no lo parezca
al igual que vosotros yo también tuve un sueño.
Fue en algún tiempo atrás casi olvidado
donde los años se astillaron en mil días
abrazando en su bruma mil canciones.

Yo malvivía en mí mismo cuando al fin, de repente,
como un pájaro herido
llegó el invierno y me clavó en los ojos
su amarga lengua de metal antiguo.
Y quise ser cristal o savia o hipocampo
y defender mis sombras fugitivas
de su cruda presencia, desoladora y triste.

Terco y desalmado, implacable en su empeño,
como la sábana que cubre al cadáver
tendido en la cuneta, el invierno avanzó
helando ensoñaciones de un zarpazo,
llevándose con él
la voz que yo abrigaba entre mi carne,
el sabor de la vida,
el tacto salado de los versos,
el sagrado calor de las canciones.

Y deglutiendo mi nombre,
despellejando vivos mis torpes apellidos,
fue secando el camino que yo debía pisar
habitando un futuro que se tornaba incierto.

Desde entonces
tan solo hablo de mí solo conmigo.
Sueño lo poco y justo que me ofrece la noche.
Alimento una hoguera con astillas de olvido.
Y anido entre mis manos un millón de quimeras.

Yo soy, de David Ruano

Yo soy
la brújula rota en la mirada del náufrago.
Con cien caballos sin herradura
cabalgo la noche sin fin
hacia lo lejano, yaciendo la vida
en la explosión de unos ojos abiertos
ciego de tan mundo.

Y la lucidez, esta lucidez lucidez
aullando sin cansancio
el terrible verbo del animal herido.

Para ser, si es que existo,
estar no basta sentado entre invitados
con ruido de cubiertos sin festín,
mientras presenta la noche
su hipócrita traje de luces.

Quiero un ahora sin reloj,
un tiempo redondo como de fruta dormida,
la certeza de tu voz abierta de ya,
aquí, ahora o nunca para siempre.

Para ser, para decirlo con vehemencia,
mucho las almas se despedazan
entre túneles. Quiero decir:
para confesar que yo soy
unos labios temblando valgan
queriendo pronunciar este poema.

Pasado en claro, de Fernando Ortiz

Adonde por lo menos, cuando oprima
nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno:
«Blanda le sea», al derramarla encima.

Fernández Andrada:
Epístola Moral

Los pasos de mi abuelo eran muy lentos.
Me enseñaba los nombres de los astros y las constelaciones:
Osa Mayor, Menor, Orión, El Arquero,
Venus siempre brillante.
El negro terciopelo del campo de Sevilla en mitad de la noche
y un anciano y un niño cogidos de la mano.
¿Qué pensaba aquel viejo de la vida?
Andan mis hijas junto a mí.
Hablan de sus deseos y memorias.
Absorto en mis problemas
quizá les hablo para no escucharlas.
Rito que se renueva, a veces las escucho
y contesto como el anciano
con palabras pausadas de un oculto sentido.
Qué importan las palabras; lo que importa es el tono
y atender a quien pone su vida en nuestras manos.
Mi padre, pobre hombre,
por pequeñas cuestiones acosado,
hubo de solventarlas para darme la vida
y yo lo despreciaba.
Su muerte fue tan gris como sus días.
Disipados los sueños, destruida la fe,
quizá tú únicamente, padre mío,
rodees, sabiendo, con tus brazos mis hombros.
Blanda nos sea.
Esa mujer fue dulce
y siempre creyó en mí —era mi madre–.
Cantaba por las tardes con una voz suave.
A la hora de la siesta
se dormía a sus pies el aire del verano.
Murió gritando, la razón perdida.
Perdida la esperanza, quebrada ya la fe,
permanecen los nombres de los astros y las constelaciones.
Un anciano y un niño cogidos de la mano.

Ya que el silencio es una..., de Carlos Vaquerizo

Ya que el silencio es una falsa muerte
(porque aguardan inquietas las palabras)
quizá la muerte sea el silencioso
adiós que nos conduce hacia otra vida.

Muero en la confección de este poema,
que tiene algo de mí que ya no tengo.
(Sueño en el sueño, vida en la estructura
que trasciende la luz de los sentidos).

El fantasma, de David Ruano

Como si fuera umbral de burdel cruzo la noche.
Celebro vagamente que haya humo, que haya whisky,
y rodeo unas caderas que son larga trinchera.
Las miradas preceden al instante
en que dos trenes colisionan. Luego
se rumorea una vaga sonrisa que descreo
y vuelvo a tragarme el asco
la mentira que clama entre unos muslos.
Sentida así, la soledad socaba el silencio
y no soy más que reguero de polvo,
caudal de escombros,
cuerpo entregado a otro cuerpo de sombra.

Con frío en los labios ingreso en las calles.
Extraño,
medito avenidas, calculo ambulancias,
esquivo el pronto cuchillo en la garganta,
engaño a la vida habitando el poema.
¡El mar!

Estoy cansado. Hacia el mar camino.

¿El mar?

La rata, de Marcial Ruiz

Tirada
en la acera,
y como encogida,
allí se encontraba
—que también hay ratas
en los barrios más ricos–.
Y sentí pena, honda tristeza,
porque allí estaba muerta
la mayor pesadilla
de un explotador capitalista.
Aquella que fue perseguida
en un salón de mármol y cristal por una escoba.
Aquella que mordió la gorda barriga de una despensa.
Arquitecta de grietas,
confiscadora de la hacienda,
rebelde roedora,
saqueadora del orden,
del capitalismo
y de todo lo establecido.
Y la acaricié,
y la tomé en mis manos desnudas,
y la volví a acariciar,
pero esta vez con la mirada,
con tanta ternura y pasión,
con tanta dulzura y alma,
que por un momento pensé
que aquella rata repudiada por muchos
formaba parte de mi propio ser.
Y la dejé en un contenedor,
y esperé a un no sé qué,
quizás a esa señora gorda
con sus dos bolsas de basura…
las últimas palas del enterrador.
Y estuve allí no sé cuánto tiempo,
con todos mis sentimientos
puestos de rodillas
ante aquel ritual funerario de mala muerte.
Y me fui, me marché. Confuso, contrariado:
encajando todas mis venas entre mis entrañas,
pero con una leve sonrisa de satisfacción,
por saber que aquel contenedor,
o vertedero de basura,
era el mejor lugar,
era el mejor cielo,
el mejor paraíso,
para
una
rata
m
u
e
r
t
a
.

Ecce Juan, de José Manuel Velázquez

Mi reino es de este mundo, está en cualquier portal,
y amén de sabañones, mis estigmas
triviales signos son del abandono.
Estas llaves que aún guardo en el bolsillo
suplican con su triste tintineo
alguna puerta que volver a abrir.
Gracias a Dios o al Diablo —qué sé yo– nunca faltan
teatros fastuosos mientras la lluvia arrecia,
ni ceremonias contra el desaliento.
Cuando la sed lacera mi garganta
y no tengo un mendrugo que llevarme a la boca,
me arrodillo ante el charco donde beben los perros
y me como las uñas a pesar de la mugre.
También conozco el miedo,
más de una vez me han puesto la cara como un Cristo.
El idiota que me limpió la sangre,
me dio un consejo y se lavó las manos.
Se apiadan de mí. Mal disimulan
su pan bajo la axila.
Sospechan que estoy loco. No saben qué orgullosa
la soledad me escupe su silencio execrable,
por eso lanzo al vuelo ruidosas carcajadas
o en una letanía de sollozos la entierro.
Solo creo en el hombre
que me invita a un café,
porque la muerte sabe a porcelana fría
y hay noches casi eternas
y fe dentro de un cubo de basura.

Cuando notes tu pecho..., de José Manuel Begines

Cuando notes tu pecho sin aliento
y el aire que no vibra en tu garganta
y tu voz que no sirve, que no canta,
y la luz que se apaga en un momento;

cuando lances el último lamento
y sientas que la noche se levanta
y que el mundo y tu alma se quebranta
con la muerte, el dolor y su tormento;

agárrate a la vida con las uñas,
muerde su pulpa dulce con los dientes,
y arráncale jirones al vacío

porque la muerte es muerte si no empuñas
recuerdos y pasión resplandecientes
contra la oscuridad, la nada, el frío.

Veinte años, de Joaquín Moreno

Entre los pisos blancos, donde el tráfico
parece lejos y un rumor, se abre
una plazuela. Tiene arriba un trozo
encendido de azul, ropa tendida,
balcones y ventanas asomándose
y las mesas de plástico de un bar.
Sin una ocupación, jóvenes, libres,
con el temor de no saber mañana,
allí sentados vemos cómo llegan
primavera y verano cada año.
Siempre estamos aquí, los mismos siempre.
Da miedo este retorno, que no acusa
los días ni el trabajo. Nos sentimos
incómodos, indignos de este tiempo
lento, para el descanso, gente extraña
en este ritmo azul que alguien dispuso,
pendientes de un momento que no llega.
Cuando nos despedimos, los propósitos
se encienden en la noche, y otra vez
la voluntad tensa el futuro, quiere
acelerar el tiempo o retardarlo,
y en el amanecer se duerme, blanca.

Un instante infinito, de Vito Domínguez Calvo

En unas cuantas horas, paso a paso,
un hombre atraviesa un bosque entre la niebla.

En menos de un segundo, de un instante,
el bosque habita y cubre la intemperie
de su corazón.

El tiempo es caprichoso y su materia
la distancia más corta
entre tú y tu mirada.

Posdata, de Fernando Ortiz

Sí, nunca nos besamos.
Pablo García Baena

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Eso fue ayer. Cuando viene la noche los versos se serenan
hasta llegar a consistencia pétrea,
anticipada lápida.
Reloj de cuco, ¿quién le dará cuerda?
El péndulo se mueve, y es sístole y diástole.
Pájaro que a veces pica,
pájaro que a veces canta,
cuando bulle necesita
salir fuera de la jaula.
Hablaba Pablo en un poema
de una tórtola de latón, de un jilguero mecánico,
reclamo artificioso, helor de purpurina.
¿He aquí el amor, la vida, el cántico?

No debes ser injusto cuando ya te retiras.
¿Todo fue tuyo y lo perdiste?
No hay ganancia ni pérdida.
Pasa la vida y su regalo,
Salicio juntamente y Nemoroso.
Pura, encendida rosa, émula de la llama,
en su vuelo veloz, ¿quién va y separa
aroma, espinas, y color divina?
Desde la tarde, desde la carencia,
desde la plenitud y desde el miedo,
y el orín implacable de los años.
En el andén incluso donde todos
esperamos un tren que nunca llega,
—no, que ya llega; llegó, llegó y se fue; pasó, pasamos…–
bajo la turbia, ruinosa y solitaria marquesina de la culpa,
allí cae la lluvia
con un son eterno.
Siempre, siempre besando
esa constelación de estrellas rubias,
un mar de trigo diminuto y áureo,
mi sal y cielo, mi pecosa Lola.

Refrenas mi caída hacia..., de Carlos Vaquerizo

Refrenas mi caída hacia el abismo.
Vivo abismado en ti. La noche apenas
empieza a coronarme, pues tu fuego
trasciende el tiempo, el sueño y el espacio.
Cómo morir dos veces, si tu hoguera
es placentera muerte, delicada.
Mujer que fagocitas la noche y sus misterios,
eres la línea última, la estrecha
volición que se enfrenta con la muerte.

A la orilla del bar, de Marcial Ruiz

Entreteniéndome con el amor
he sido una mañana oscura,
tiritando de fiebre,
llorando las horas.
Por eso ahora vago sin sentido,
silencioso,
solitario,
sintiéndome un pequeño dios
con alas de payaso.
Vacilando hacia la nada,
marchándome a escondidas,
oculto y falso, oculto y falso,
tras las telarañas de los sueños.

Si yo pudiera hacerte despertar de este letargo…
Si yo pudiera hacerte despertar de este letargo…
Porque hay besos,
hay besos, besos, besos,
que son capaces de abrir las piernas del paraíso,
o quizás, tal vez,
de cerrar los ojos de algún recuerdo.

A una muchacha antigua, de Vito Domínguez Calvo

Al fondo de la calle surcada por naranjos,
cubierta de adoquines como piel de serpiente,
aparece la puerta de tu casa.
Ya sé que tú no estás, que ni siquiera existes,
pero yo siempre miro hacia tu puerta.
Es como si te viera después de tantos años
asomada al balcón
repleto de geranios o saliendo
con tu vespino negro calle arriba.
Ahora mi barba es blanca y tu recuerdo
una estela de plata en la memoria,
un aguijón de voces que se agolpan
bajo la tarde neutra en que te sueño.
Agacho la cabeza sigo el paso,
hundo mis torpes manos extranjeras
en los viejos bolsillos del abrigo;
y oigo que el viento reza,
desde su idioma físico,
canciones de un tiempo helado,
detenido,
en un intento vano de evocar
una alegría perdida en el silencio,
el olvidado aroma de tu nombre.

Como un árbol, de David Ruano

Como un árbol, definitivo para la tierra,
quieta molicie en el constante anhelo de raíces
y al alto cielo permanente júbilo de alas
quiero ser, nunca velero huérfano de su sombra.

Donde en soledad camino del llanto infinito
seas fulgor de luz en las pulsaciones del día
y el cerco que nos rodea envuelvas con tu brillo
de luna en la incesante, oscura y ciega noche.

Lluvia que abrace mi cuerpo y mis brazos y caiga
en el momento de la sed. Fuente del deseo
inagotable por ser cauce de vida hacia ti
que en el devaneo de los días prolongas mi sombra.

Para el ansia atroz de conocimiento sea el fruto
de tu vientre el hacedor aluvión de esperanzas
y permanezca en mi seno hasta que el tiempo rija
su porvenir y su sombra a través de los ciclos.

En mi pecho grave aniden tus alas ligeras.
Pájaro que en el ramal deleite con su canto
y demore la vasta corona de silencio
inevitable en la hora exacta del adiós.
Creciendo a cada instante en cavidades ahonde
y al aire el vuelo delirante, libre de surcos,
me entregue ya para siempre, nuevo y legítimo
definitivo hijo de la tierra, como un árbol.

Te escribiré algún día..., de José Manuel Velázquez

Te escribiré algún día este poema,
dentro de muchos años o puede que mañana.
Es posible que el sol,
antes de que eso ocurra,
cansado de las vueltas que da un mundo tan fatuo,
nos mande un rayo digno de Júpiter Tonante.
Tampoco es arriesgado pensar que las estrellas
sigan ahí cuando mi mano empuñe,
exhausta pero firme, la extrema luz que ahora se me escapa.
Al margen de la suerte que el futuro nos debe,
nadie será capaz de impedir que lo escriba.
Ya sé que no son formas, que debiera decirlo
feliz y de tal modo que temblaran los sordos
y no, como un suicida, firmarlo en una hoja
de papel y tan tarde,
dentro de muchos años o puede que mañana.
Mientras tanto, la luna va asomando
detrás de un almacén de ultramarinos.
Así pues, me apresuro a confesarte:
a día de hoy me da cierta vergüenza
que leas lo que aún yo no te he escrito.

No lo sé, de Marta Fernández Portillo

La felicidad en los abanicos de mi abuela
O esta crisis que nos rompe los sentidos
O lo bruta que se pone cuando quiere la mar
O la voz que no es a ti debida ni mucho menos
Me niego yo en rotundo y me evidencio
como la niña chico que los demás afirman
O los compases de espera de los flamencos viejos
O el sol esquizofrénico diciendo dentro fuera
dentro fuera dentrofuera o no lo sé
Ese mono con su batuta
que nos desnuda nos forra
nos acuesta nos cacarea
n o s m o d e l a e l á n i m o
O calzarme con una monja para trabajar como una puta
O saltar a otra casa sin tocar tierra firme
Porque no sé nadar a un ritmo octosilábico
Porque si me paro me caigo
con mi enorme bicicleta
con mi barco vikingo que sin velas zozobra
O saber al menos dónde pongo la pluma
Los motores bajo el agua no están dándome una tregua
Dónde pongo la pluma y dónde empiezo
a cortar
todo esto que me sobra

Ese joven tan serio, de Joaquín Moreno

Ese joven tan serio, con su gesto
de reloj y medida, está turbado.
Vienen y se le enredan muchachitas
bellísimas, princesas de los cuentos
de cuando era pequeño, y no comprende
los labios por su oscuro levitón,
ese amor alocado de improviso.
De la chistera de sus largos años
le han sacado este mundo como nuevo,
y la luna y el sol dan vueltas locas
y vienen otras voces y palmean
su espalda con afecto, y en el fondo
de su gris corazón algo susurra
que todo era verdad, que los pedazos
de una carta infantil han vuelto a unirse
y le devuelven lo que dio por muerto,
y su gesto se ablanda, su levita
empieza a derretirse, y ya sonríe.

Los niños y la ropa y..., de José Manuel Begines

Los niños y la ropa y la comida
y domingos por la tarde sin descanso,
y limpiar las lágrimas
con besos
y besar con ojos y sin labios,
y correr de un sitio para otro
y dar la mano
para aliviar las noches más oscuras
y matar los monstruos
con palabras
y arropar los cuerpos
con susurros
y un día y otro día y otro día
y domingos por la tarde sin descanso,
y los años que la asaltan
por la espalda y la cara llena
de arañazos
y no parar y no mirarse
nunca en los espejos
porque reflejan el futuro
y porque vive siempre
en el pasado
y un día y otro día y otro día
y la luz que se despide
de sus ojos
y el brillo que se opaca
con los años
y todo sigue igual
y nada cambia
salvo el espejo del pasillo
que se empeñó hace tiempo
en transformarla en una anciana.

Diagnóstico de la mentira, de David Ruano

Un día cualquiera vienes al mundo.
Y sin que nadie avise del peligro
recibes con indiferencia absoluta
un ámbito cerrado,
pálidas paredes apenas con vida
y sin embargo
un aire de celebración respira la estancia:
viniste en perfecto estado,
como marcaba el programa y
—¡gracias a Dios!– salió todo bien.
Te espera la familia en su casa
y a ver qué ocurre.

Ahora has crecido y la evidencia
es palpable: debes ir al colegio.
Como fiera domesticada
irás de aula en aula,
con su inapropiado olor a herrumbre,
a tiempo gastado en definitiva.
Y sortearás año tras año
el obstáculo violento de una amenaza,
el signo adverso de tu custodia.
Aprenderás a manosear los números,
los ríos con sus mapas, las partes
horrendas de tu cuerpo,
los días aciagos de tu reino.
El cuento del lobo aprenderás,
y una forzada tendencia a odiar a los maestros.
Nombrarás tan solo un cielo de palabras yermas.

Con suerte alcanzarás tu primer amor.

Luego,
hijo mío haz carrera y ya verás,
fabrícate un futuro, la luz está en los libros.

Pero un día, aún con la mirada vidriosa
decides conquistar otros lugares.
Y sales a la calle.
Te anima el aire cercano de la plaza,
el júbilo de alas en los árboles,
el vuelo de palabras
a ras de suelo,
el pulso del mar detrás de las casas.
Entonces, sin miedo
te acercas al agua turbia de la fuente:
la miseria, en suma, del hombre.

Por vez primera has contemplado
el desolado paisaje
y has pretendido, con alegría en los ojos,
un lugar más habitable.

Hoy, con desdén rememoras tu inocencia.

Apoema, de Marcial Ruiz

(Según R. Jakobson, la función poética
surge cuando hay repetición)

Parece como si todos los poemas
tuvieran que construirse, irremediablemente,
con las mismas palabras de siempre:
y otra vez con OLAS, ALAS, SIRENAS, ESPEJOS,
TIERRA. Y otra vez con BESOS.

Como si toda la imaginación
volara cercando el mismo CIELO, y el mismo VIENTO,
y el mismo SUEÑO, y el mismo manojo de FLORES:
MARGARITAS, ROSAS, MAGNOLIAS…

Como si VENAS rimara siempre con PENAS
y en una lucha sempiterna de antónimos
(como la de la NOCHE y el DÍA)
el CIELO con el SUELO.
Parece y aparece la repetición
y yo padezco el mal de cien pareces:
parece que TE QUIERO (aunque es mentira),
parece BESO ARDIENTE, parece
SUEÑO HERMOSO (y AZUL)
y parece ALMA-cenada… y en otro CUERPO…

Parece ALBA, SOL, ESTRELLAS, AIRE,
AURORA ROSADA, MAÑANA FRESCA…
y el MAR o la MAR,
el MAR, la MAR,
el MAR, la MAR,
el MAR, la MAR…
(me da igual).
Yo te hablo de esa MAR que siempre viene acompañada
Con RÍOS y también con una OLA, y otra vez con otra OLA:
OLA, OLA, OLA, OLA, OLA, OLA, OLA,
           OLA, OLA,
OLA, OLA, OLA, OLA, OLA, OLA, OLA,
           OLA, OLA,
¿Hola? Hola. OLA, OLA, OLA, OLA LARGA.
Parece que todos los poetas son TRISTES
y que ninguno se escapa de este horror
de soltar LÁ- GRI-
                                  MAS.
Y de esta LUNA, y de esta NOCHE (¡OSCURA!),
y de este CAMPO (¡de BATALLA!),
de esta MALDITA… ORILLA FUEGO.

La avería diaria, de Marta Fernández Portillo

Le desbaratan el nido                    sale corriendo a por ramas
Le desbaratan el nido               sale corriendo a por ramas
Le desbaratan el nido          salecorriendo aporramas
Me desbaratan el nido    salgocorriendo aporramas
Medesbaratan elnido   salgocorriendo aporramas
Medesbarato minido  salgocorriendoaporramas
Medesbaratominido  salgocorriendoaporramas
Madesbaratominido salgocorriendoaporramas
Medesbaratominido salgocorriendoaporramas
Medesbaratominidosalgocorriendoaporramasal-
gocorriendoaporramasalgocorriendoaporramas

No entiendo ser quien construye
Y ser también quien profana

El gran Paulema, de Marcial Ruiz

(El gran Paulema es
una trilogía fónica de
mi gran Paula,
mi gran problema
y mi gran poema)

Paula, Paulita, Paulea.
Pauleona, Paulora, Paulosa, Pauloba.
¡Paula, Paula, Paula,
Paula, Paula, Paula,
que me emPaulas Paulatinamente!
con Paulalta, Paularrosa,
Paulabrisa, Paulasol, Paulamucho,
Paulatodo, Paulanoia.

Paula, mi gran Paulema.
Y claro, ahora estoy emPaulachado,
Paulatontado,
porque todo me resulta Paula:
Pau la mañana, Paula;
Pau la tarde, Paula;
Pau la noche, Paula;
Pau la calle, Paula.

¡Paula, Paula, Paula,
Paula, Paula, Paula!
Paula de la leche y de la historia,
que ya estoy harto de tanta Paula,
que esto ya es emPaulagoso, Paulérrimo:
Marta, Isabel, Juana,
Juana, Federica, Paca,
Paca, Manolita, Ana.

¡Paula, Paula, Paula!
Anda Paula, échate Pa´u la´o.
Paula, Paulita, Paulea.

(dedicado a Marta)

Mutis, de Fernando Ortiz

La mañana es de julio y en ella cantan pájaros.
Silbo, silbas, silbamos, aún el sol no está alto.
No sé por qué recuerdo días de otros veranos
en los que todo era plenitud y entusiasmo.
En los que todo ardía —incluido yo mismo–,
hoy, que odio el calor y me agota su ritmo.
Los años, son los años —me digo– que ya pesan.
Esos años que antes no eran más que agua fresca.
Todo lo que seré, lo que soy, lo que he sido
cada día que pasa tiene menos sentido.
En fin, siempre fue así, se hace mutis un día
y otros actores salen. Ya se sabe; la vida.

Los autores


(Sevilla, 1947 – Sevilla, 2014)

A continuación extraemos parte de la extensa bibliografía de Fernando Ortiz. En la edición impresa se recoge completa, cedida amablemente por la editora Marina Bianchi, que la incluía en el libro Epistolario en verso entre José Manuel Velázquez y Fernando Ortiz.

Libros de poesía

  • Primera despedida, Sevilla, Editorial Católica, Col. Aldebarán, 1978.
  • Personæ, Sevilla, Calle del Aire, 1981.
  • Vieja amiga, Madrid, Trieste, 1984.
  • Marzo, Madrid, Trieste, 1986.
  • La ciudad y sus sombras, Sevilla, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, 1986.
  • Recado de escribir, Sevilla, Renacimiento, 1990.
  • Un funcionario, Málaga, Suplementos de Galeote, 1991.
  • El verano, Córdoba, Diputación Provincial de Córdoba, 1992.
  • Vieja amiga (1975-1993), Granada, Ed. Comares, Col. La Veleta, 1994.
  • Moneditas, Valencia, Pre-Textos, 1996.
  • Posdata, Valencia, Pre-Textos, 1999.
  • Poetas en Sevilla. Antología poética de Fernando Ortiz, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 2002.
  • Versos y años. Poesía 1975-2003, ed. del autor, introd. de Emilio Barón, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, Col. Vandalia – Serie Mayor, n. 7, 2003.
  • Galería de Espejos, ed. y notas de Antonio M. Sánchez, Madrid, Hiperión, 2007.
  • Vieja amiga. Poesía (1975-2008), ed. del autor, Córdoba, Ed. Almuzara, 2008.
  • Poesía de una vida. Antología poética 1978-2011, ed. del autor, Sevilla, Diputación de Sevilla, Col. Poesía Clásica Sevillana, vol. 4, 2011.
  • Miradas al Último Espejo. (Poesía 2007-2010), prólogo de Francisco Brines, Sevilla, Diputación de Sevilla, 2011.
  • Después del Siglo XX, Sevilla, Isla de Siltolá, 2012.
  • Plática, prólogo de José Julio Cabanillas, Sevilla, Fundación Altair, 2012.
  • Pasos que se alejan, edición crítica de Marina Bianchi, Buenos Aires, Viajera editorial, 2013.
  • Epistolario en verso entre José Manuel Velázquez y Fernando Ortiz, ed. de Marina Bianchi, Roma, El Duende/ Ediciones Nuova Cultura, 2014

Libros en prosa

  • Introducción a la poesía andaluza contemporánea, Sevilla, Calle del Aire, 1981.
  • La estirpe de Bécquer, Jerez de la Frontera, Libros Fin de Siglo, 1982 (2.ª ed. corregida y aumentada: Sevilla, Editoriales Andaluzas
  • Unidas, Col. Biblioteca de la Cultura Andaluza, n. 20, 1985).
  • El elefante en la cristalería, Sevilla, Alfar, 1984.
  • El hombre del Renacimiento, Sevilla, Monte de Piedad y Caja de Ahorros, 1988.
  • Sevilla y los sevillanos, Sevilla, Alfar, 1992.
  • La caja china, Valencia, Pre-Textos, 1993.
  • Manual del veraneante perpetuo, Sevilla, La Carbonería, 1994.
  • Verso y glosa, Valencia, Pre-Textos, 1996.
  • Sevilla (Pequeña historia de una gran ciudad), Sevilla, Fundación El Monte, 1997.
  • Contraluz de la lírica, ed. e introd. de José Mateos, Valencia, Pre-Textos, 1998.
  • Ortiz, Fernando y Colón, Carlos, La imprenta de San Eloy, pinturas y dibujos de Joaquín Sáenz, Valencia, Pre-Textos, 1999.
  • Apuntes autobiográficos y otros papeles, Valencia, Pre-Textos, 2001.
  • La ruta bética romana, ilustraciones de Diego Gadir. Sevilla, Grupo Pandora, 2005.
  • Lírica andaluza contemporánea, Córdoba, Ed. Almuzara, 2007.

(Sevilla, 1973)

Vi la luz en Sevilla y en Sevilla
fui un niño bueno, un mal adolescente,
un pésimo estudiante —el delincuente
más lírico de toda la pandilla—.
¿Quiere saber por qué perdí mi silla
en el Parnaso y en el bar de enfrente?
Por culpa de la musa más decente,
más culta y cartesiana. A la otra orilla
del Pirineo fuime —que es mancilla
llamar gabacha a la muchacha—. Gente
en tierra extraña hallé que, complaciente,
me dio un currelo y hasta una buhardilla
donde pulí soneto, redondilla,
sextina, lira, octava… Ya era urgente
sacarme tanto verso de la frente
y publiqué un poemario . La golilla
bien tiesa, conseguí cierta familla
de poeta y, entonces, de repente,
Fernando Ortiz leyome y, diligente,
díjome: cartéame. Letrilla
que va, letrilla viene ¡maravilla!,
después de un año y pico mutuamente,
epistolario dimos a la ingente
editorial Bianchi. Esta sencilla
biobibliograleches es morcilla
que mete en Tiempo al tiempo este inocente,
por si quisiera usted hincarle el diente
o darme un buen tirón de la perilla.

Publicaciones

  • Cara lírica, Madrid, Endymion, 2012.
  • Epistolario en verso entre José Manuel Velázquez y Fernando Ortiz, ed. de Marina Bianchi, Roma, El Duende/ Ediciones Nuova Cultura, 2014.
  • Concierto para cuerdos, Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones (Premio Universidad de Sevilla, 2016).

(Sevilla 1973)

Marcial es el séptimo de diez hermanos que crecieron en el barrio sevillano de El Porvenir.
Ejerce como profesor de Lengua Castellana y Literatura en el instituto sevillano del IES Punta del Verde.

Curioso, payaso, ingenioso, entretenido, provocador, bromista, humano, solidario, honesto en sus derrotas y soberbio ganador. A veces se sitúa lejos de sí mismo, cerca del otro, aunque él en sí es el lugar donde siempre quiere estar: sentirse dueño de su templo.
Su poesía no pasa desapercibida y grita a los ojos de quienes la leen.

(Sevilla, 1979) Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla (1996-2001).

Galardonado con el premio Adonáis de poesía en 2005 con su poemario Fiera venganza del tiempo (2006, Rialp Ed.). Galardonado con el I Premio de Poesía Ciudad de Almuñécar con el poemario Tributo de Caronte (2014, Valparaíso Ed.). Galardonado con el VIII Premio Ciudad de Pamplona por su obra Preludio de una mirada. Rebato del tiempo (Samarcanada), Consumación de lo eterno (Ediciones en huida), Quienes me habitan (La Isla de Siltolá) son sus otros títulos publicado hasta la actualidad.

Antologado por el Ateneo de Sevilla en Homenaje a la fiesta del soneto (2006), así como en De labores y esperanzas, antología de poetas jóvenes sevillanos realizada por Luis Miguel Godoy (Diputación provincial de Huelva).

Asimismo ha participado como ponente en varios congresos literarios como “Poesía última”, acogido y promovido por la Fundación Rafael Alberti del Puerto de Santa María en el cual intervino con la ponencia “Fuentes clásicas en Cal y canto”; “Festival de poesía Novissima verba”, celebrado en Lima, Perú, auspiciado por la agencia española de cooperación internacional (AECI), etc.

(Sevilla 1979)

Filóloga Hispánica. Artista con más de 10 años en el campo de la experimentación poética, colabora desde temprana edad en multitud de espacios con sus acciones poéticas. Poetisa de lo oral y lo profano, su trabajo se centra fundamentalmente en la búsqueda de caminos para llevar la poesía a escena, acercándola así al público.

En 2010 publica el libro de poemas Extraviada (Arcibel Editores). Dirige la exposición de FotoPoesía Otro mar Otra tierra (Cádiz, agosto de 2011) y la exposición Mundo Meridiano  (Filipinas,  junio  de  2012). Incluida en varias revistas y antologías, actualmente prepara la edición de su segundo libro en solitario Voz de Fortuna.

En 2011 se une a cuatro músicos experimentales creando FIEBRE, un proyecto multidisciplinar que combina música poesía y otros elementos de las artes escénicas. Han publicado hasta la fecha Primer Síntoma (marzo 2013) y Segundo Síntoma (mayo 2014, Sputnik Grabaciones Estelares), así como el espectáculo de teatro Hipotermia, un recorrido de la banda a través de estos tres años de creación, estrenado en el Teatro Central de Sevilla en octubre de 2014.

(Sevilla 1969)

Miembro cofundador del Colectivo Surcos de Poesía.
Editor literario de la revista de nuestra revista Cuadernos de creación (2014-2015).
Premio de Poesía Universidad de Sevilla en su VII edición.
Finalista en el certamen de poesía Adonais (Madrid, 2003).
Ha colaborado en revistas como Númenor, Cuadernos de Creación, Nueva Grecia y Estación Poesía.

Publicaciones

(Sevilla 1979)

Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla, donde obtuvo el doctorado en Filología y actualmente imparte clases de Teoría de la Literatura. Dedicado a estudiar las teorías literarias contemporáneas, es autor de un libro sobre la poética de Antonio Carvajal. Además de poemas sueltos en diversas revistas y antologías, ha publicado el libro de poemas Desde otro tiempo (Fundación de Cultura Andaluza, Sevilla, 2002). En el año 2013 recibió el premio Adonáis de Poesía por su segundo libro, Largo viaje (Rialp, Madrid, 2014).

(Los Palacios y Villafranca, 1979)

Es Doctor por la Universidad de Sevilla y Licenciado en Filología Hispánica.

Una nota me manda hacer Velázquez
que incluya vida y libros brevemente
y voy yo tan idiota, o tan valiente,
y escojo la imposible rima en ázquez.

Me doctoré en Sevilla, la ciudaz que ez
maravilla, con ínclito expediente.
Me expedí, entre aplausos de la gente,
igual que, en La cabina, López Vázquez.

He escrito mucho y publicado poco
o escrito poco y publicado mucho.
No sé si loco cuerdo o cuerdo loco.

En fin, que ya se acaba este endeblucho
soneto con mi obra más lograda;
en serio, con Mañana será nada.

Publicaciones

  • En 2013 ve la luz su primer poemario: Mañana será nada (Ed. Devenir).
  • Las plazas, el amor y las estrellas que mereció, por unanimidad, el Premio Nacional de Poesía “Amantes de Teruel” (2016).
  • Su primera novela se titula Como fiera que te acecha (Ediciones en huida, 2017).
  • De sus trabajos académicos destacan sus libros Personajes y estilo en la narrativa de Antonio Muñoz Molina y Literatura y compromiso en la generación del 27.
(Figueras, 1978)
Catalán y andaluz de corazón, este juglar único —artista hasta cuando respira y poeta irreductible–, defensor de un ámbito donde el ser humano crezca en libertad y armonía, ha visto aparecer sus poemas en revistas tales como Deriva, Voz del Kaos o Cuadernos de Creación. En la actualidad, prepara la publicación de su primer poemario —en el que lleva trabajando desde hace varios años–, además de seguir participando en numerosos recitales de toda índole. Pasó por las Facultades de Filología de Sevilla y Barcelona y siguió luego su camino autodidacta, leyendo sin descanso, viajando y aprendiendo varias lenguas.
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