La construcción de un discurso creativo

El juego de hacer poesía

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Estrenamos novedad en este 2016. Un libro que se ha gestado desde finales del 2014 hasta ayer mismo. Lo que en principio iba a ser un poemario, ante la pasmosa diversidad, poliédrica si se quiere, de Felipe Bollaín, nos planteamos hacer de este libro una carta de presentación de sus capacidades artísticas. Fotografía, ilustración y poesía se unen en estas 162 páginas de un autor generoso y de ágil producción. Completa la edición un prólogo del también poeta Juan Antonio Bermúdez que reproducimos a continuación:

Intentar narrar, juzgar o incluso describir una acción poética me parece una osadía ingenua y quizá estéril. Por eso, este prólogo aspira a ser sobre todo una invitación, una bienvenida a quien se acerque al umbral de esta casa de palabras e imágenes y un agradecimiento por el privilegio de haber disfrutado en primicia de su hospitalidad.

La manera que tiene Felipe Bollaín de estar-en-el-mundo de la poesía rebasa cauces, resignifica géneros, despliega la extensión original del clásico ποιέω sobre diferentes soportes, en un proceso muy abierto. Así, más allá de conformar un libro, estas Escriaturas continúan gozosamente la acción poética de su autor, su hacerse poesía mediante el conocimiento y el juego.

escriaturas-felipe bollaín-portada

Ya disponible en pre-venta: -10%

Se nos ofrecen en tres secciones: Forgotografías, Alguna laguna e Ilustraiciones. Apartados contenedores de códigos distintos (fotografía, verso e ilustración), su aparente autonomía se deshace a menudo ante la sugerencia de trazar diagonales que los crucen; «mi corazón dibuja / este centro de lejos» deja caer el final de un poema de título revelador (‘Parto para volver’). Y este ir y venir de la palabra al trazo, del trazo a los reflejos, define bien al libro y a quien lo firma: Escriaturas es tan reversible, polifacético y poliédrico como su autor.

En las Forgotografías, la casi ausencia de la figura humana ante el objetivo queda compensada por la rotunda humanidad de la mirada, en lo que podríamos entender casi como una prueba de la afirmación de Susan Sontag que abre la serie: «Una fotografía es a la vez una pseudopresencia y un signo de ausencia».

Felipe Bollaín

Felipe Bollaín

Sólo una mirada inconfundiblemente humana puede participar en la observación interpretándola (‘Camino de codorniz’, ‘Libre sin cabeza’…), arriesgar preciosas y literarias simbologías geométricas (‘Cometas carcelarias’, ‘Horror bello’…) o valorar la descontextualización desde la ironía (‘Todo’, ‘En la cocina de Mirko’…).

Los títulos cumplen aquí una función poética decisiva: dialogan. Señalan en algunos casos la dirección de cierta mirada en fuga (así en las imágenes más abstractas: ‘Rostro de luz [mujer-muerte]’, ‘Rostro de luz [niño]’…). En otros, aventuran un enunciado narrativo (‘El hombre destartalado baja hacia la cruz’) o incluso documental (‘Volada. Acción poética realizada por el grupo poético-artístico aina libe desde el campanario de la Giralda de Sevilla’). Y en otros, versos sueltos, colaboran en sintonía conceptual con la imagen pero desde una identidad literaria propia, nacida del gusto innegociable por el juego de palabras (‘Lunambre’, ‘Mundóxido’, ‘Carretcétera’…).

En la transición entre estas Forgotografías y la segunda parte, el título de otro poema fotográfico se planta casi a modo de poética: ‘Hay que escribir un huevo’.

El calambur Alguna laguna nombra la serie central que define al conjunto como poemario: la colección de versos. Pero la variedad temática y formal es aquí, como en el resto del libro, una virtud que no pretende disfrazarse.

Hay, en todo caso, dos campos semánticos (tan clásicos como inagotables) sobre los que operan la mayoría de los textos: el amor y el proceso creativo. Y en los dos compromete Bollaín una visión del cosmos y sus micros.

Nunca he creído en la sinceridad biográfica como seña diferenciadora del discurso poético. Pero sí en una determinada actitud respetuosa del poeta hacia sus materiales y hacia el sensible caudal intelectual con el que trabaja, una preocupación que nace de la forma para alcanzar el contenido y abrazarlo, hacerlo propio y desde ahí compartirlo. Nada tiene esto que ver con dogmas estilísticos, solemnidad o tabúes. Y no hay calibre que mida esa actitud, solo cierta intuición lectora, enriquecida, en afortunados casos excepcionales como éste, por la cercanía vivencial con un autor.

Intuí en Felipe Bollaín ese respeto desde la primera línea o la primera imagen suya que me enseñó, hace ya muchos años. Pero tener la suerte de conocerle y coincidir con él en algunos proyectos (por ejemplo, en Lumbres, vislumbres, poemario fotográfico publicado en esta misma editorial) me ha servido para confirmar de sobra esa intuición. Me valen para tratar de explicar algo mejor esto los dos primeros versos del poema inicial: «A estas palabras / se les nota que han vivido».

Por otra parte, muestra con claridad este libro el talento asombroso de su autor para permutar las sílabas y abrir sentidos nuevos con cada trabalenguas (‘Trabajo en mi gazpacho’, ‘Días de tinto a medias’…). Hay otros textos de una valiente armonía compositiva (‘¿Te digo la verdad?’, ‘Cuando llega el dolor de ser yo mismo’…). Hay una frecuente y admirable deriva aforística (con perlas como «Úsese ‘mente’ para algo más / que construir adverbios»). Aunque sobre todo ello me ganan otros gestos más pequeños, otras escriaturas quizá menos vistosas que logran sin hacer mucho ruido ese misterio esencial de la poesía: poner de acuerdo la expresión con la impresión, remover, conmover.

librería

Presentación de Escriaturas en la Librería Especies de Espacios: 24 de febrero 20:30

‘Levanto un poema lentamente’ crece así en cada verso hasta convertirse en un hermosísimo reclamo de la escritura como proceso colectivo, como responsabilidad civil alejada de todo individualismo heroico. ‘El corazón es un órgano hueco’ es capaz de reformular con términos muy sencillos antiguas ecuaciones del (des)amor. Y los dos me parecen buenos ejemplos de esa escritura condensada y vibrante que alienta mis escriaturas favoritas.

Ilustraiciones, la tercera parte, recoge una serie de trabajos plásticos elaborados con diferentes técnicas: bolígrafo, rotulador, témpera, acrílico, cera esgrafiada, linograbado y tratamiento digital.

Rondan a menudo estas ilustraiciones cierto surrealismo figurativo (‘Familia’, donde es muy tentador sospechar la colorida sombra de Chagall, o ‘Embarazo del aguacate’) pero también se escapan a veces hacia la fascinación fractal (especialmente en la serie de mandalas), recrean esos micromundos tan queridos por el autor que ya aparecen en sus fotografías o sus versos (‘Me he puesto perdido de tiempo’, tal vez mi ilustraición preferida) o simulan un tapiz textual de apariencia abstracta (‘Letargo’, ‘Diálogo entre A y B’…).

La variedad define así de nuevo todo el conjunto y se hace notar también aquí un cuidado equilibrio entre atrevimiento (traición, incluso, si nos fiamos del título de este tercer apartado) y respeto por el oficio.

En el filo, siempre en el filo, el juego de hacer poesía, que como demuestran estas Escriaturas no es solo «el juego de hacer versos». Jaime Gil de Biedma lo dejaba claro: «Y los poemas son / un modo que adoptamos / para que nos entiendan / y que nos entendamos. / Lo que importa explicar / es la vida […]».

Preventa

Desde mañana podéis haceros con el libro en régimen de preventa en esta web con un descuento del 10%, y en las siguientes librerías sevillanas con un descuento del 5%:

  • Especies de Espacios
  • La Fuga
  • Un gato en bicicleta

 

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2 thoughts on “El juego de hacer poesía

  1. ¿Esta este proyecto en marcha o no??? Me hablaron de él en Olivenza este sábado pasado..Me gustaría saber.. soy una especie de poeta y tengo un libro de poemas editado por la Diputación de Badajoz su título es “Feria”..

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