La construcción de un discurso creativo

La literatura es como el cuarto de las visitas

Paradero transparente, de Carlos Castro Rincón

Como ya es una sana costumbre creo, celebrando que hoy ponemos a la venta su Paradero transparente, os dejamos un texto Carlos Castro que introduce el libro. Si después de leer esto no os pica la curiosidad lectora, es que no tenéis curiosidad 😛 :

La literatura es como el cuarto de las visitas. Cuando uno lee es huésped. Cuando uno escribe es anfitrión. Y lo que más importa de ese cuarto son los recovecos.

carlos castro rincónEste libro fue escrito (es un decir) caminando o mientras me desplazaba en algún vehículo terrestre, marítimo o aéreo. Durante travesías que hice solo o con amigos (vivos, muertos) o con Andrea o con algún familiar. Luego fue implacablemente corregido paseando por ahí con Abbey, que me avisó siempre de la presencia de extraños, de modo que me daba tiempo a interrumpir mis cantaletas sin que me tomasen por imbécil.
Este libro no fue escrito en un escritorio.
El autor de este libro es plural y accidental.

Si se me permite hablar un poquito de paja probablemente aquí haya algo así como tiempos espaciados, es decir, relieves de momentos que aparecieron y después se transparentaron y todo lo que dejaron fueron estas seis secciones: «Ensenada» quiere ser una caravana autobiográfica; «Basurero» es una avalancha artística tragicómica; «Caravana» puede ser una ensenada desprendida; «Avalancha» debería ser un basurero político; «Dársena» acaso sea un fabulario poco fabuloso; y «Miopía e hipermetropía» tiene ganas de ser una celebración amorosa. La búsqueda es por un paradero para la disipación.

La literatura es un juego atroz. Por eso silbar una canción de Sly and the Family Stone sería más provechoso que leer este libro. Y no sólo eso, también sería más útil mirar la música del silencio lunar, acariciar el fuego, comerse una guayaba, desatormentarse con una cerveza fría, conversar con Edward W. Said.

Si este libro fuera una persona tendría el cabello largo como un eclipse de sol y todas las mañanas rezaría: «Santa Madre de los desastres literarios, pantallera, alucinada, presuntuosa, perezosa, ineficaz: jódete». Si este libro fuera una fotografía sería aquella de Rogelio Cuéllar en la que se capta el momento exacto en el que Borges mea mientras sostiene el báculo en su sobaco derecho.

En este libro (eso quiero creer) no hay poesía, sólo diálogos y apuntes, que surgieron sobre todo «de que vivimos en un lugar / que no es nuestro y, más aún, que no es nosotros / y es duro a pesar de la ostentación de los días» (Wallace Stevens).

C. C. R.

 

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